Editorial de la revista número 10
NIVEL B2/C1 :: intermedio alto/avanzado
Escrito por:
Óscar Ortega
Vamos tarde. Hay señales por todas partes de que muchas decisiones se tomaron mirando solo al corto plazo, como si el mañana fuera una exageración o una molestia. El desgaste es visible, y no solo en lo evidente; también en la forma en que se normaliza lo que antes habría resultado inaceptable. Sin embargo, reconocer el retraso no equivale a rendirse. Más bien al contrario: es el punto desde el que empieza cualquier intento serio de cambio.
La esperanza no es una promesa ni un eslogan. Es una forma de situarse ante lo que queda por hacer sin negar lo que ya se ha perdido. Implica asumir que no habrá soluciones limpias ni inmediatas, que habrá retrocesos y contradicciones, y que muchas veces tocará elegir entre opciones imperfectas. Aun así, hay margen. No infinito, pero suficiente como para que cada decisión importe.
Arreglar el mundo suena lejos de nuestro alcance. Pero en la práctica tiene que ver con gestos acumulados, con resistencias pequeñas que se sostienen en el tiempo, con la negativa a aceptar como inevitable lo que todavía puede cambiarse. No se trata de esperar un giro repentino, sino de provocar desplazamientos, aunque sean lentos.
Quizá no se llegue a tiempo para todo. Pero todavía se está a tiempo para algo. Y ese “algo”, bien sostenido, puede marcar la diferencia entre un deterioro asumido y un futuro que, sin ser ideal, al menos resulte habitable.
Óscar Ortega
Creador de Sumar Palabras
© Todos los derechos reservados sobre este contenido.
